YOLANDA DE LOS SANTOS. INTERPRETE DE LENGUA DE SIGNOS

 

A lo largo de mi vida me han hecho a menudo la misma pregunta, ¿cuándo aprendiste lengua de Signos?... y jamás he sabido responder. A veces creo que nací signando (usando lengua de signos), incluso (además) de muy niña le llegue a plantear (explicar, decir) a mi madre que la Naturaleza se había equivocado conmigo, yo debía ser sorda, debía pertenecer a ese mundo de silencio que giraba a mí alrededor.

La profesión de interprete Tampoco tengo conciencia (claro recuerdo) del momento en que utilicé la Lengua de Signos por primera vez en un ámbito (una situación) profesional, creo recordar que fue en un campamento organizado por PROAS (hoy FIAPAS). Podía comunicarme con personas oyentes y con personas sordas sin dificultad, pero lo mejor de todo es que, en ocasiones (a veces), era el nexo (lazo) de unión entre ambas comunidades, ese descubrimiento fue genial (magnifico). A partir de ahí mi vida cambio, empezaron a llamarme para interpretar cursos, conferencias, .... y más adelante congresos, seminarios, .. y lo único que tenia que hacer era lo que siempre había hecho, o al menos eso pensaba yo. Sin darme cuenta, tenia una profesión, era INTÉRPRETE DE LENGUA DE SIGNOS.

Había otras personas que hacían lo mismo que yo, pero jamas hablábamos de ello, de las dificultades que teníamos, de las estrategias (de las formas de trabajar) que utilizábamos, nos limitábamos (hacíamos únicamente) a interpretar.

Nace la ILSE Un día, nos enteramos que en otros países, los Interpretes de Lengua de Signos, se habían asociado (habían creado una asociación) y decidimos hacerlo nosotros. Sin ningún tipo de infraestructura (medios necesarios y básicos), convocamos una primera reunión, donde sentamos las bases (pensamos como funcionar de forma básica) de nuestra futura Asociación y así nació Ilse (Asociación de interpretes de lengua de Signos de España).

A raíz (desde) de la creación de ILSE, muchas Comunidades Autónomas decidieron crear la suya propia y lo mejor es que ILSE se encuentra hoy día a la cabeza (en los primeros lugares) de las Asociaciones Europeas de Interpretes de Lengua de Signos. En muy poco tiempo, apenas (en solo) 10 años, nos hemos puesto a la altura (al mismo nivel) de otras Asociaciones que nos doblan en tiempo de funcionamiento.

La interpretación en Lengua de Signos Interpretar no es fácil, la lengua de Signos es una lengua viva y como tal evoluciona en el tiempo y nosotros tenemos que avanzar en esa línea y con esa rapidez a veces desorbitada (exagerada), no puedes bajar la guardia (no puedes distraerte).

Detrás de cada interpretación hay muchas horas de trabajo, de preparar contenidos, de consultar dudas a los compañeros, de analizar situaciones... y cuando llega el momento de la interpretación, a pesa de llevar (aunque llevas) muchos años ejerciendo, un gran escalofrío recorre tu cuerpo, es un momento decisivo (importante), crucial (serio) en el que tienes que dar la cara. El proceso de interpretación simultanea (escuchar la información y producir en la lengua de signos a la vez) es tan rápido que apenas tienes tiempo para darte cuenta que esta sucediendo. Se necesita una gran capacidad de concentración, flexibilidad, memorización, aislamiento (no distraerte) y una serie de habilidades que solo consigues tras muchas horas de dedicación y esfuerzo.

Una profesión dura Llevo muchos años de interpretación y a veces me planteo (pienso) abandonar la profesión. Pertenezco a esta primera generación que interpretaba horas y horas, días y días sin limite en el tiempo y hoy en día van apareciendo secuelas físicas (síntomas) que dificultan el desarrollo de mi vida cotidiana.

La satisfacción de ser intérprete Pero cuando me subo a una tarima (encima de una plataforma) y me vuelvo completamente invisible (a mi no me ve), donde solo mis manos y mi rostro existen, cuando gran cantidad de ojos se clavan a los míos, cuando los focos me señalan (iluminación), cuando escucho la primera palabra y mis manos comienzan a tomar vida (empiezan a moverse) y poco a poco compruebo orgullosa el asentimiento (atención) de los participantes, cuando interpreto amigos míos, me siento bien. Es una sensación, un sentimiento difícil de entender por aquellos que no forman parte de la profesión (los que no son intérpretes). Es por ello, que hoy, y a pesar de todo, sigo y seguiré en la brecha (interpretando). Aun me queda demasiado por aprender.

Desde aquí, quiero aprovechar la ocasión para lanzar dos sentimientos de orgullo, el primero ser hija de padres sordos, de mis padres, y el segundo de ser interprete de Lengua de Signos.

  ATRAS