SILVIA
Silvia fue operada a los 20 días de nacer, porque tenía un bultito en la cabeza que se había producido porque no circulaba bien el líquido cefalorraquídeo. Silvia necesitaba cuidados especiales, ya que era un bebé especial. Los médicos le diagnosticaron que no existía comunicación entre los dos hemisferios cerebrales, lo que podía producir alteración del lenguaje. Tenía un quiste en una parte del cerebro y una malformación en el oído interno.
Se aconsejó a los padres llevarla al Oftalmólogo, porque tenía estrabismo y los ojos no dejaban de moverse. También les recomendaron ir a rehabilitación. A partir de entonces, le llevaban 3 días a la semana. El diagnóstico del otorrino fue que Silvia era una niña sorda, y que la utilización de los audífonos no le ayudaría. El oculista dijo que Silvia tenía una malformación en el nervio del ojo. Silvia no era ciega, pero tenía una malformación.
Se afilió a Silvia en la ONCE con deficiencia visual. Les recomendaron que estuviera con un logopeda. Además también le trataba una rehabilitadora, por medio del método Votja. Resulta un método muy duro, que hay que hacerlo en casa 3 veces al día. Entre sus padres y una amiga de sus padres consiguieron que Silvia fuera mejorando cada día. A los 2 años de vida de Silvia, sus padres decidieron que debería ir a un colegio, para que estuviera con más niños, y no solo con sus padres. Encontraron una guardería, en el que había niños sin ninguna minusvalía, y niños con minusvalías.
A los 4 años de edad, Silvia tuvo una hermanita, lo que hizo que Silvia expresase sus sentimientos y emociones más abiertamente. Empezó a hablar con signos que había aprendido antes pero que nunca había puesto en práctica. Sus padres han aprendido la lengua de signos y se comunican con ella a través de este método, pero también le hablan, porque sus padres son oyentes. La niña comenzó a andar bien después de recibir clases de natación junto con su hermana.
En la actualidad Silvia ha mejorado mucho la visión, dice algunas palabras, pero se comunica sobre todo con la lengua de signos. Es una niña cariñosa, contenta y feliz. Lo que al principio, a sus padres, les parecía un gran problema, ahora están encantados con Silvia y están llenos de satisfacción.
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