CRISTIAN

 

UNA DIFÍCIL DECISIÓN: ¿Implante Coclear?

Soy tío de un niño sordo. Por motivos familiares, en cuanto se le descubrió la sordera, causada por una meningitis, se vino a vivir a mi casa. Esto fue cuando tenía año y medio. Ahora tiene doce.

Cuando escribo estas líneas, faltan pocos días para que a Cristian (mi sobrino) le hagan un implante coclear. Me piden que reflexione sobre los motivos que nos han hecho tomar esta decisión. La verdad es que es muy difícil de explicar. Es una cosa que, en mi interior (pensando), parece que lo tengo claro. Pero que a la hora de ponerlo en práctica, resulta complicado (difícil), y más en este tema donde encuentras opiniones a favor o en contra y, sin querer, se puede llegar a entender mal, produciéndose enfrentamientos no deseados e incluso herir a alguien sin querer.

El caso de Cristian

Durante todos estos años, Cristian se ha ido desarrollando poco a poco. Los que diariamente estamos con él hemos visto cómo se ha ido transformando. Antes era un niño poco colaborador y poco interesado por lo que sucedía a su alrededor, ahora es un preadolescente con ganas de conocer ese mundo llamado oyente. Ganas de hablar, de comunicarse con chicos oyentes de su misma edad, de comprender lo que pasa a su alrededor sin necesidad de que estemos siempre a su lado para explicarle o explicar a los demás lo que sucede. Es en ese momento cuando pensamos que, de alguna manera, hay que romper. Cómo ayudamos a evolucionar. Qué soluciones le aportamos (damos).

Audífonos: no le sirven. Logopedia: avanza, pero no es suficiente. Exclusivamente lenguaje de signos: nos parece demasiado limitado. Oralidad: necesita un estímulo externo.

¿Qué hacer? ¿Qué nos queda? ¿Dónde nos apoyamos? ¿Por dónde orientamos el desarrollo personal de Cristian? Había que hacer algo. Algo que significara un cambio importante en su modo de sentir y de vivir. Y en estos momentos, sólo nos queda el implante. Una solución que nos parece la adecuada en este momento. Una solución que significará un cambio radical en su vida y que, con esa esperanza lo hacemos, le llevará a avanzar en su desarrollo como persona.

Conocemos a varios niños que han sido implantados. El cambio que se ha producido en ellos ha sido realmente impresionante: una mayor atención escolar y en el trabajo de logopedia, un nivel más alto de oralidad, una recuperación de audición alta. Todo esto, nos influyó para decidir el implante. Para Cristian, en su situación actual, creemos que es su oportunidad para alcanzar un mayor grado de integración y de desarrollo personal. Y una cosa muy importante, él sabe lo que es y lo que quiere: quiere oír y entender. Esta decidido a que le hagan el implante y a trabajar.

Cada caso es diferente

No quiero decir con esto que todos los niños deban implantarse. Ni que a los niños a los que no se les haga el implante no se desarrollaran como personas. Sabemos que cada niño es un mundo. Que cada caso debe ser tratado de forma individual, sin comparaciones, sin coartar (evitar, impedir) ni presionar a nadie. Se pueden dar opiniones, se puede solicitar la ayuda de profesionales, pero siempre y cuando esas opiniones y/o esas ayudas, no intenten imponernos (obligarnos) a un sistema. Hay que dejar que cada uno busque el desarrollo de sus hijos como mejor entienda, sin condenarlo (acusarlo) ni menospreciarlo ( darle menos valor). Las polémicas que se han producido por causa del implante entre las Asociaciones de Sordos y las de Padres de Niños Sordos son una barbaridad.

Las decisiones que toman los padres sobre sus hijos, no pueden ser utilizadas como un arma para provocar conflictos o ser motivo de separación entre dos grupos: Personas Sordas Adultas y Padres de Niños Sordos. El principal objetivo es la integración de todos en todo, de mejorar la calidad de vida, y existen muchos "caminos" (formas) pero que, con el tiempo, pueden llegar a encontrarse en un punto de llegada y, cada uno, de distinta manera, luchar por lo mismo y, también, contra lo mismo: las barreras de comunicación. Y estas barreras, cada uno, las tiene que vencer (superar, enfrentar) como mejor le "diga" su conciencia y aunar voluntades (decidir entre todos) a favor del desarrollo del niño sordo. No hay que excluir (eliminar) nada: ni implantes, ni audífonos, ni oralismo, ni lenguaje de signos... Todo puede servir para el desarrollo integral (completo) del niño sordo y para mejorar su calidad de vida.

  ATRAS