A MI… (por Inma Monterde)
Bueno, quiero empezar explicando que esta es la primera vez que me arriesgo a escribir sobre mí. Empecemos… Sí, en cierta forma, creo que contar mi experiencia de conocimiento de la Comunidad Sorda y mi posterior participación puede ser útil, para otras personas y para romper con ciertos estereotipos (idea equivocada o distinta de las personas sobre los sordos).
Me llamo Inma Monterde y nací en un día de julio de 1972, en Valencia, donde ahora vivo [he de decir que soy además valenciana]. Mi historia es un poco diferente porque yo nací siendo oyente (mis padres no sufrieron el susto como otros padres cuando saben desde el principio que tienen un hijo sordo y están muy desorientados por falta de información). Desde los diez años de edad es cuando comenzaron a aparecer los primeros problemas de audición. Algo así como una pérdida de audición progresiva.
Mi primera etapa ¿Qué puedo decir de esta primera etapa?. Ya podéis imaginar. La palabra Sorda era palabra prohibida para mí (muchas veces he utilizado la expresión "problemas auditivos"). Empezaron las dificultades en la clase, sobre todo al llegar a BUP, en la relación con los /as amigos /as, todo ello en una etapa especialmente delicada para toda persona que es adolescente. Mi respuesta a ello fue ocultar, esconder el problema (y con ello encontrar las posibles soluciones). Una postura que hoy, mirando atrás, puedo entender.
Las posibilidades de información que me llegaron posteriormente (años después) al integrarme en la Comunidad Sorda, me han permitido poder recuperar mi identidad como persona así como poder entender a "la Inma" de aquella época. Bueno, yo tampoco me he librado de las mil peregrinaciones ( ir de un sitio a otro) de un médico a otro, con diagnósticos (exámenes médicos) no sólo diferentes sino también contradictorios y de pensar cómo sería mi futuro, porque antes el mundo estaba formado por personas oyentes y los únicos referentes (modelos de referencia) de sordos eran aquellos abueletes (abuelos) con los que me encontraba en las consultas de los médicos y con los que temía me identificaran (que yo temía ser parecido a ellos.)
Problemas Los principales escollos (problemas) los encontré en el Instituto, donde no tenía el apoyo de los /as compañeros /as y profesores /as porque desconocían la realidad mía. Para ellos, Inma era aquella compañera un poco rarilla (rara) ida (perdida) y sobre todo graciosa. Comprendí por qué era graciosa, porque decía "¿ por favor, me puedes repetir la pregunta otra vez?", esto ocurría cuando alguien me preguntaba sobre química y yo terminaba hablando sobre geografía (vale, os permito que os riáis, pero mucho no ¿eh?).
Tengo la suerte (o quizás yo misma me lo he trabajado) de no haber tenido problemas en los resultados académicos. El hecho de conocer la Lengua Castellana antes de que se produjeran mis problemas auditivos me permitió ser independiente, la afición a la lectura me ha posibilitado profundizar y mantenerme al día (cuidar día a día la información), así como una actitud admirable por parte de mi familia que siempre me ha apoyado.
La Universidad Al acabar COU yo tenía bien claro, desde hace ya tiempo, qué quería hacer: estudiar Trabajo Social. Pero me planteé (reflexioné) que de nada me servirían estos estudios si yo cada día tenía que sufrir para ocultar una realidad (la sordera). La mala experiencia en BUP me hizo llegar a la Universidad y decir, hola aquí estoy, soy Inma, tengo problemas auditivos pero aquí estoy. Todo funcionó mejor. Es en esta época cuando decidí inscribirme a los cursos de Lengua de Signos, que me enteré, casi por casualidad, que organizaba la FESORD.
Vale, he de reconocer que mi intención al principio era algo así como ser intérprete o tener conocimiento de la Lengua de Signos para que me permitiera tener alguna ventaja en posibles oposiciones en comparación con mis compañeros que oían con normalidad. Esta decisión fue lo que hizo que cambiase mi vida porque me hizo ver que había jóvenes Sordos, que había un trabajo de lucha por el reconocimiento de los derechos de una minoría, que había alegría entre la gente, que la Sordera podía verse también de una forma positiva y vivirla así, que Inma podía ser Sorda y sobre todo seguir siendo Inma, recuperar mi identidad.
La Lengua de Signos
No voy a decir que todo fue un camino de rosas...(un camino sin dificultades) Vivía con mis dudas sobre quién era Inma realmente, y una vez descubierta, experimenté la difícil integración en un grupo con una lengua y una cultura propia, yo, que no venía del colegio de Sordos y aunque me expreso en Lengua de Signos es "Lengua de Signos de Inma". Puedo decir que he vivido momentos en los que no solamente he sentido apoyo, sino también, que es lo más importante para mí, haber encontrado la amistad y el cariño de personas Sordas y Sordas de verdad.
He descubierto una lengua maravillosa, dulce, que permite expresar mejor cada sentimiento, así como también he descubierto la fuerza y apoyo de mi familia, que desde el primer momento entendió qué podría significar la Lengua de Signos para mí y me apoyó Lo más importante era verme satisfecha con la vida, dejando a un lado los tópicos (las ideas equivocadas) y comentarios de la gente (¿qué le ha ocurrido a Inma que habla ahora "con las manos?).
La Comunidad Sorda En la Comunidad Sorda he aprendido mucho, he madurado como persona. Sé que no soy (ni debo serlo) un modelo para la mayoría de personas Sordas que han vivido una historia diferente. Pero quizás sí que puedo demostrar que la Comunidad Sorda es una lengua no sólo útil sino también necesaria para muchos de nosotros. Esto no significa un necesario desconocimiento o rechazo de la Lengua Castellana y que la lengua de Signos no es un refugio para aquellas personas que no han podido acceder a la comunicación verbal (oral), sino una elección.
Y que las personas Sordas pueden aceptar a otras nuevas siempre que no se vaya con una actitud paternalista (actúen como una autoridad que desea proteger sus intereses o valores), siempre que esté por encima el conocimiento y el respeto a la identidad, las posibilidades y limitaciones del otro, de la misma manera que este otro nos acepta a nosotros con nuestras limitaciones. Creo que esto es lo que da realmente valor a la vida.
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