IMPORTANCIA DE LA LENGUA DE SIGNOS Y SUS USUARIOS

 

La lengua de signos tiene especial interés para la gente sorda, porque tienen unas características propias como lengua de una minoría lingüística y porque juega un papel importante en el desarrollo infantil de los niños sordos.

 

Importancia de la lengua de signos para las personas sordas

Durante muchos años cada comunidad lingüística (grupo de personas que comparten una misma lengua y una misma cultura), en el desarrollo de su propia historia y de su cultura, ha ido conformando (desarrollando) una manera diferente de ver la realidad que, además es una realidad en continua evolución. Esto quiere decir, que un mismo objeto o una misma acción se puede llamar, nombrar o "signar" de manera diferente según cada comunidad lingüística. Además de esto cada comunidad distingue una determinada clase de objetos, de acciones o de atributos de la realidad, y nunca resulta sencilla la traducción de una lengua a otra.

Como todas las lenguas, la lengua de signos es una conducta (actuaciones, manifestaciones) particular de unas comunidades de seres humanos; de los grupos de personas Sordas. Es necesario resaltar un hecho claro: todos los países, sea cual fuere el sistema y metodologías de comunicación que se hayan utilizado para la enseñanza de las personas sordas prelocutivas, cuando finalizan su escolaridad, abandonan la escuela y llegan a la edad adulta, en su mayoría utilizan una forma de comunicación viso-gestual (visual y gestual) que no es una simple mímica, sino una verdadera lengua con características y estructuras gramaticales complejas.

Lengua que, durante muchos años fue ignorada (desconocida). Con esta explicación por sí sola ya vemos la razón por la que se permita que los niños sordos estén en contacto con esta Lengua desde una edad temprana. La lengua de Signos es, posiblemente, la forma de comunicación más antigua en la Historia de la Humanidad y sus comienzos están en la prehistoria. Encontramos información de su uso en la época de la Roma y Grecia clásicas.

En nuestro país tenemos noticias del uso de signos en la Edad Media, durante las horas de silencio en las comunidades monásticas (monasterios / convenios de monjes u órdenes religiosas). Tenemos constancia (información) de que en el siglo XVI alguno de estos monjes utilizaría estos signos para la desmutización (dejar de ser mudos, poder hablar) y la educación de jóvenes sordos, resaltando el trabajo del monje benedictino Pedro Ponce de León (1.520-1.548), figura de fama mundial que demostró que muchos intelectuales anteriores se equivocaron al creer que las personas sordas de nacimiento eran incapaces para el lenguaje racional (pensamiento).

 

Situaciones que perjudicaron el reconocimiento de las lenguas de signos

Durante muchos años, diferentes situaciones han sido las causas por las que las actitudes hacia las lenguas de signos hayan sido radicalmente negativas. Las más importantes eran:

-La interpretación equivocada de algunos textos del filósofo Aristóteles que explican la relación entre leguaje y pensamiento. Esto influyó en intelectuales y filósofos a través de la Historia.

-La difícil aceptación por parte de la sociedad de las personas diferentes por motivo de su discapacidad, sexo, raza, religión, etc...y que, por ellos, se creía necesario "eliminar las diferencias". Como resultado, se quería que los sordos se desarrollaran a imagen y semejanza (parecido) de los oyentes.

-El desconocimiento de los avances de la Lingüística que en la segunda mitad de este siglo demostró que existen lenguas que no necesitan de la oralidad.

-El Congreso de Milán (1.880), donde se sacaron unas conclusiones que se convirtieron en normas que ordenaban la desaparición de lo que entonces se llamaba "mímica" para la educación de los sordos. Conclusiones que casi durante cien años no han sido puestas en duda por los educadores de sordos de Europa.

En el debate sobre las distintas formas de ver a las personas sordas, existe una visión clínica y únicamente de rehabilitación que todavía perdura. Pero, afortunadamente, como resultado de la realización de diferentes investigaciones lingüísticas y socioculturales han quedado demostradas la importancia de las Lenguas de Signos para el desarrollo de las personas sordas y la complejidad y riqueza de las Lenguas de Signos, que están en el mismo nivel de otros sistemas lingüísticos completos, pero con estructura y modalidad diferentes.

Son de resaltar la importancia de los estudios de Stokoe (1960) y las investigaciones de Klima y Bellugi (1979), entre otros. Desde entonces ya no se duda de que las lenguas de signos son lenguas naturales que se han desarrollado, al menos en parte, independientemente del lenguaje hablado, y no tienen relación lingüística con él, teniendo sus propias estructuras sintácticas (construcción y ordenación de frases) y organizativas bastante flexibles. En la actualidad las lenguas de Signos están recuperando el reconocimiento que merecen y cada vez son más aceptadas como lenguas de propio derecho.

Ha sido a partir de la segunda mitad de este siglo, cuando gracias a los avances de la lingüística se ha dejado de dudar del estatus de las Lenguas de Signos como sistemas lingüísticos completos. Pero, no en todos los países se han dado a conocer por igual los avances de la Lingüística. Esto tiene importantes repercusiones (consecuencias) en el grado de aceptación y de reconocimiento de las lenguas de signos de cada país, con sus consecuencias para los usuarios de estas lenguas. Los resultados de las investigaciones lingüísticas no se han reflejado por igual en la toma de decisiones políticas y legislativas de los países de la Unión Europea.

En la mayoría de los países, la lengua de signos es usada, normalmente, por las personas sordas entre ellas y por las personas oyentes nacidas en familias con padres u otros adultos sordos que tienen relación con la comunidad sorda de su país. En nuestro país parece que empieza a no preguntarse tanto por la aceptación de la Lengua de Signos como sistema natural de comunicación entre las personas Sordas que forman un grupo cultural de personas que comparten un leguaje común, una historia, unos valores, actitudes, y experiencias. La mayoría de sordos, hijos de padres sordos, utilizan este lenguaje que es un sistema de comunicación visual, gestual y no oral.

En los últimos años, el status de la Lengua de Signos en las diferentes Comunidades Autónomas del territorio español ha aumentado. Hay que valorar aquí el papel que los propios sordos vienen realizando en estos últimos diez años desde las Asociaciones, Federaciones, la Confederación Nacional de Sordos de España y diferentes agrupaciones culturales de personas Sordas, en la defensa de sus derechos y, como resultado de ello, del derecho a usar su propia lengua para el acceso a la información a la educación y a la cultura. Pero todavía falta conseguir el paso definitivo de reconocimiento oficial de las Lenguas de Signos del Estado Español.

En España no poseemos datos completos sobre los usuarios de nuestras lenguas de signos, las últimas estadísticas del IMSERSO del año 1992 nos hablan de 930.125 personas con pérdida auditiva en el país. Pero es necesario realizar un estudio detallado de esta población (las personas sordas), no sólo recogiendo las características y grado de su pérdida auditiva, sino también viendo sus necesidades para la comunicación y la inserción (integración) social y cultural. Obtener datos fidedignos (verdaderos, auténticos) y detallados de la población sorda española nos ayudará a ser más exactos al analizar sus necesidades. Este es un reto (lucha) en el que debemos participar las asociaciones como una asignatura pendiente a puertas del siglo XXI.

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